Juan Carlos Arenas y Germán Darío Valencia Agudelo
leer mas...El 15 de febrero de 1819, Simón Bolívar en su Discurso del Congreso de Angostura advertía que: “...nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Casi dos siglos después pareciera que esta advertencia no tuviera vigencia. Hasta hoy, 14 de los 19 países que conforman América Latina, han aprobado dentro de sus marcos constitucionales la reelección presidencial. El último de ellos fue la República Bolivariana de Venezuela, que el 15 de febrero de 2009 permitió la reelección consecutiva e indefinida de su primer mandatario.
Esta situación contrasta con la costumbre de tres lustros atrás, cuando la reelección presidencial en los países latinoamericanos era casi inexistente. Hasta 1993, la mayoría de las constituciones de la región consagraban el principio de no reelección o de reelección pero con un periodo de por medio. Tal restricción –que Linz incluye dentro de las características de la rigidez del presidencialismo- estaba asociada con un pasado de gobiernos dictatoriales o jefes de Estado que de manera tiránica ocuparon el poder Ejecutivo por años e incluso por décadas. El juicio histórico asociaba estas experiencias con nefastas restricciones de las libertades, atropello a los derechos humanos y credenciales antidemocráticas de los regímenes. Algo de aquellos temores fundados estuvo en la base de los diseños institucionales en los que se abogaba por el fortalecimiento del republicanismo y la democracia, conservando dentro de sus principios políticos la rotación del poder.
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